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Guía práctica

La bomba de achique: elegir, instalar y mantener tu sistema de achique

Por el equipo YachtMate  ·  10 de junio de 2026  ·  9 min de lectura
La bomba de achique: elegir, instalar y mantener tu sistema de achique

La bomba de achique es uno de esos equipos que se olvidan por completo… hasta el día en que se necesitan desesperadamente. Y sin embargo es uno de los elementos de seguridad más importantes a bordo: es la que mantiene seco el fondo del barco, la que evacúa el agua de un prensaestopas que gotea, de una ola embarcada o, en el peor de los casos, de una verdadera vía de agua. Una bomba mal dimensionada, un flotador agarrotado o un filtro obstruido por pelos y un pañuelo, y todo tu sistema de achique queda inutilizado en el momento crítico. Esta guía completa explica cómo elegir la bomba adecuada, entender los caudales reales, hacer una instalación fiable y mantenerla para que responda cuando hace falta.

¿Para qué sirve realmente una bomba de achique?

La función principal de una bomba de achique es evacuar el agua que se acumula en el punto más bajo del casco. Esta agua tiene múltiples orígenes permanentes: condensación, agua de lluvia que entra por los portillos o la bajada, rociones, fugas del prensaestopas del eje de la hélice, filtraciones de grifos de fondo o pasacascos, el desbordamiento de un fregadero o de una nevera. En la mayoría de los barcos un pequeño volumen de agua llega continuamente a la sentina, y la bomba automática se encarga de expulsarlo sin intervención.

Pero hay que entender una cosa: una bomba de achique no está diseñada para salvar un barco que se hunde. Ante una verdadera vía de agua —un pasacascos arrancado, una colisión, un grifo de fondo roto— incluso una bomba de gran capacidad solo te da tiempo para taponar y pedir ayuda. La bomba gestiona lo cotidiano y las pequeñas averías; la verdadera respuesta a una vía de agua grave sigue siendo taponar la brecha y tener un tarugo de madera cónico al alcance junto a cada pasacascos.

💡 Consejo YachtMate

Mantén la sentina limpia y seca en todo momento: es tu mejor sistema de alarma. Una sentina habitualmente seca que empieza a contener agua te avisa de inmediato de un nuevo problema (prensaestopas, grifo, lluvia). Una sentina siempre húmeda oculta las fugas reales.

Entender el caudal real de una bomba

Es la trampa clásica. La caja anuncia con orgullo «3000 GPH» (galones por hora), unos 11 000 litros/hora. En la realidad, nunca obtendrás esa cifra. El caudal indicado se mide a la salida de la bomba, con altura de descarga cero y una tensión perfecta de 13,6 V. A bordo, tu bomba debe elevar el agua un metro o más hasta el imbornal de descarga, la manguera tiene codos, la tensión de la batería ronda los 12 V y el filtro está parcialmente sucio.

Resultado: cuenta en la práctica con el 50 a 60 % del caudal anunciado, a veces menos. Una bomba «2000 GPH» que eleva el agua 1,2 m a través de una manguera de 28 mm dará más bien 1000 a 1200 L/h reales. Por eso nunca hay que infradimensionar, y siempre razonar en caudal útil, altura de descarga incluida.

Varios factores reducen el caudal real: la altura entre la bomba y la salida al exterior (cada metro se paga caro), el diámetro de la manguera (pasa a 28 o 38 mm en lugar de 19 mm siempre que puedas), el número de codos, la longitud del recorrido, la tensión de alimentación y el estado del filtro. Una manguera lisa de gran diámetro, corta y con pocos codos, importa tanto como la potencia de la propia bomba.

Automática, manual, de gran capacidad: la regla de los 3 niveles

Un sistema de achique bien pensado nunca depende de una sola bomba. La buena práctica consiste en apilar tres líneas de defensa independientes, activadas a niveles de agua crecientes.

Nivel 1 — La bomba automática

Es la bomba de trabajo diario. De caudal modesto (típicamente 20 a 40 L/min, es decir 1200 a 2400 L/h), se activa en cuanto el agua alcanza unos centímetros en la sentina, gracias a un interruptor de flotador o un detector electrónico. Funciona unos segundos, vacía la sentina y se detiene. Funciona incluso con el barco cerrado, en el muelle o fondeado, lo cual es esencial.

Nivel 2 — La segunda bomba y la alarma

Montada un poco más alta que la primera, una segunda bomba eléctrica de mayor caudal toma el relevo si el agua sigue subiendo pese a la bomba principal. Su activación debe estar imperativamente acoplada a una alarma de sentina sonora y visual en el puesto de gobierno. Si esta bomba arranca, es que pasa algo anormal: debes ser avisado de inmediato.

Nivel 3 — La bomba manual y la emergencia

Imprescindible y totalmente independiente de la electricidad, la bomba de mano (tipo diafragma) es tu último recurso en caso de avería de la batería o de bomba anegada. Maniobrable desde la bañera, da 30 a 60 litros por golpe de brazo según el modelo. Para situaciones extremas, algunos añaden una bomba de gran capacidad (más de 80 L/min) o desvían la bomba de refrigeración del motor hacia la sentina mediante una válvula dedicada.

Esquema de un circuito de achique con bomba automática, bomba manual y alarma de sentina a tres niveles
La regla de los 3 niveles: tres líneas de defensa independientes activadas a alturas de agua crecientes.

El interruptor de flotador: el punto débil a vigilar

En el 90 % de los casos, cuando una bomba automática no arranca, el culpable no es la bomba: es su interruptor. El flotador mecánico clásico es móvil, por tanto propenso a agarrotarse, a bloquearse en posición alta (la bomba funciona entonces sin parar y agota la batería) o en posición baja (la bomba nunca arranca). Pelos, plásticos, gasoil y restos de sentina atascan fácilmente el mecanismo.

Los interruptores electrónicos (de sonda capacitiva o de campo, sin pieza móvil) son mucho más fiables y cada vez más habituales. Muchas bombas modernas integran ya una detección electrónica directamente en el cuerpo de la bomba, con un ciclo de prueba automático cada pocos minutos. Sea cual sea la tecnología, instala siempre un interruptor de tres posiciones en el panel: ON forzado / OFF / AUTO, para poder activar la bomba manualmente en cualquier momento.

💡 Consejo YachtMate

Prueba la activación automática una vez al mes: vierte un cubo de agua en la sentina y comprueba que la bomba arranca sola, descarga correctamente por el imbornal y se detiene cuando la sentina está vacía. Treinta segundos que pueden evitarte una mala sorpresa.

Cableado e instalación: las reglas de oro

Una bomba de achique no sirve de nada si su alimentación falla en el momento equivocado. Se imponen algunos principios innegociables.

La alarma de sentina: ver el problema antes de que crezca

Una bomba puede hacer su trabajo durante horas sin que lo sepas, hasta que la batería se agote o la fuga supere su capacidad. La alarma de sentina cubre ese vacío: un simple zumbador y un LED en el panel, activados por un segundo flotador colocado por encima del nivel normal de funcionamiento. Si la alarma suena, sabes que el agua sube más rápido de lo que la bomba la evacúa, y puedes actuar de inmediato: buscar la fuga, poner en marcha la segunda bomba o la manual, poner rumbo a un abrigo.

Los sistemas más completos cuentan los ciclos de la bomba y señalan una frecuencia anormal, o transmiten la información a una aplicación móvil. Es exactamente el tipo de vigilancia que convierte una avería incipiente en un simple incidente controlado.

Mantenimiento: una rutina sencilla pero vital

Una bomba de achique vive en el entorno más hostil del barco: agua estancada, gasoil, sal, restos. Sin mantenimiento, se degrada en silencio. Adopta esta rutina.

Lleva a bordo una bomba de repuesto o al menos un cartucho de motor compatible: es una de las averías más fáciles de reparar en el mar… siempre que tengas la pieza. Unas abrazaderas, un trozo de manguera y algunos terminales en la caja de herramientas completan útilmente el kit.

Una buena instalación de achique no es la bomba más potente del catálogo: son tres bombas independientes, una alarma que te avisa, un cableado cuidado y un mantenimiento regular.

Conclusión: tranquilidad en el fondo de la sentina

La bomba de achique encarna perfectamente la filosofía de la seguridad en el mar: un equipo modesto, barato, pero cuya fiabilidad descansa por completo en la anticipación y el mantenimiento. Aplicando la regla de los tres niveles, priorizando un cableado protegido y permanente, fiabilizando la activación y añadiendo una alarma, conviertes un punto débil clásico de a bordo en una verdadera red de seguridad. Y sobre todo, mantienes la mente tranquila —fondeado o navegando— sabiendo que el fondo de tu barco seguirá seco.

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